Un post de no storytelling.
Ya he visto “Drive”. ¡Que peliculón!.
Y me ha venido un pensamiento tonto: ¿por qué Drive (Winding), True Grit (Cohen) y The tree of life (Malick) me cautivan tanto?
Creo haber encontrado el denominador común: el uso inteligente, efectista y eficiente del silencio.
Y me he puesto a especular sobre el uso del silencio en las Organizaciones, como herramienta de Management, como arma de construcción masiva, como generador de empatía comercial… y he llegado a las siguientes conclusiones:
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… y vosotros, ¿opináis o calláis?.
En mi último post, Desarrollo organizacional, lanzaba la siguiente pregunta muy relacionada con la retención del talento:
¿Cuándo desarrollaremos estructuras organizativas reales, en las que no sea la “función de llevar personas” la única vía de escalar en la organización, de tener una mayor progresión profesional, de tener un mayor sueldo…?
Y sobre esta cuestión hay que hacer algo YA!!!!!! Sobre las otras cuestiones tratadas en el anterior post también, pero hoy en éste quiero destacar el gran daño que podemos hacer los que no nos habíamos planteado ser jefes y lo tenemos que ser.
Obviamente muchos no queríamos y ahora queremos y nos intentamos desarrollar para no hacer mucho daño a nuestros colaboradores… (espero poco a poco irlo consiguiendo).
Pero ¿y todos aquellos que quieren ser y son excelentes técnicos? ¿Qué hacemos con todos aquellos que no quieren y tal vez no saben desarrollar competencias directivas?
¿Por qué hemos de frustrarles haciendo que desempeñen, a trancas y barrancas, una labor de Management, cuando pueden hacer maravillosamente otra de experto? Y todavía más fuerte, por la repercusión en cascada ¿Por qué hacemos que esta gente tenga la responsabilidad de “la desmotivación” de su gente al no saber desarrollarles, delegarles, pautarles?
Por favor, plantemos estructuras en las que el desarrollo de las personas, el aumento de responsabilidades, el salario incluso, vaya ligado a lo que sabemos hacer.
Hagamos que la gente experta técnica que quiere seguir siéndolo se desarrolle por la vía técnica sin tener que “llevar” gente. Ciertamente nos irá mucho mejor, sabremos sacar el máximo de las personas y conseguiremos gente más implicada en las organizaciones.
El Desarrollo organizacional, el desarrollo directivo, la comunicación organizacional, el Management, la gestión de equipos, el empowerment, etc… pasa por las personas. Creámonoslos de una vez por todas. Vale de cantos a la galería sobre la importancia del capital humano en lo organización y después mirar exclusivamente hacia la cuenta de explotación (y digo solamente…).
Preferiría que aquellos que no creen en las personas lanzasen mensajes como los que lanza un amigo mío (que sí cree en las personas y de verdad) en broma cuando dice:
“En las empresas hay dos cosas importantes: las ventas y… y… y… ah sí, las personas”.
Y mi gran amigo lo dice en broma, pero hay quien lo piensa de verdad y no tiene las narices de verbalizarlo.
Por favor, tomemos todos consciencia de ello y pongámonos a trabajar ya en este auténtico liderazgo empresarial, en este auténtico liderazgo 2.0 ó Management 4.0 o cómo queráis llamarle para constituirlo en un moda… (me da igual el número ya que la gente no somos números)… aunque eso jamás será una moda sino una realidad que hará competitivas a las organizaciones y felices a quienes trabajamos en ellas.
Gracias por perdonarme si he dicho burradas o he “herido” alguien, prometo que no era mi intención.
Desarrollo organizacional, desarrollo empresarial, desarrollo directivo, habilidades directivas, gestión del cambio, Comunicación organizacional… ¿Sigo?…
Todas estas palabras más que utilizadas en las empresas tienen un denominador común: ¿Quién hace que esto suceda?
Pues bien, para mí – seguramente muy equivocado, pero yo me lo creo- el principal agente de todas estos conceptos somos los directivos. Sí, aunque tan solo sea porque cobramos más que el resto de nuestra organización (otra cosa es que lo merezcamos), siempre que tengamos una organización con una coherencia salarial.
Todo el peso de la responsabilidad debe recaer sobre el Manager… ¿Duro? Tenemos otra alternativa: “entreguemos la placa”.
Nuestro rol debe ser que nuestra gente se ilusione, se implique, se auto-motive por venir a desarrollarse a la empresa. Ya hablaremos en algún post más heavy de los diferentes roles que según Mitzeberg debemos desempeñar (nos guste o no) los directivos.
Si no somos capaces de “llevar” el peso de la responsabilidad directiva, demos paso a alguien que sí lo desee, que sí lo viva, que sí entienda que su papel es hacer “sentir” la organización a la gente que habita en ella.
Todos podemos encontrar un montón de excusas, de argumentos, de auto-engaños (os aconsejo leer un sencillo libro: La Caja), pero que al fin y al cabo no ayudan a la Organización.
Entre estos argumentos casi nunca aparece aquel que reza: “¿Por qué tengo que dirigir cuando yo lo que quiero y sé hacer bien es aquello para lo que estudié? ¿Cuántos de nosotros, directivos, mandos, responsables… cuando escogimos una carrera o una profesión lo hicimos para ser “jefes”??? Yo no, amigos míos, yo no…
Tal vez ahora, cada vez más esta Generación Y, ya tiene carreras específicas como ADE. Pero la mayoría de los que tenemos responsabilidades directivas no somos Y… por ahora… (ya llegará!!!!… tal vez entonces la palabra edutaiment empiece a sonar más en las organizaciones y en la sociedad).
¿Cuándo abordaremos realmente desde las organizaciones auténticos temas de RRHH? (pero digo abordaremos de verdad, no teóricamente). ¿Cuándo una auténtica política de conciliación vida profesional/personal? ¿Cuándo una auténtica política dónde las personas puedan decir “ahora no quiero un aumento de responsabilidad, pues mi vida no me lo permite, pero… por favor, no me pongan una cruz para el futuro desarrollo”? ¿Cuándo una auténtica política de expatriación dónde no tan solo sea fácil la salida a otros países sino también un regreso no traumático? ¿Cuándo retendremos realmente el talento por lo que los talentosos necesitan y no por lo que nosotros queremos que necesiten? ¿Cuándo una estructura organizativa real, en la que no sea la “función de llevar personas” la única vía de escalar en la organización, de tener una mayor progresión profesional, de tener un mayor sueldo…?
Continuará…
Antes de responder a la pregunta que lancé en El destino nos alcanza (I) sobre el escritor que previó Internet mucho antes de su existencia, permitidme que aclare el título de estos dos posts.
Como cualquier cinéfilo habrá intuido, hace referencia a la película Cuando el destino nos alcance, ingeniosa y poética “traducción” del título original Soylen Green (marca de pastillas de soja que representan el principal alimento de la población en 2022, fecha en que desarrolla la historia), película del irregular Richard Fleischer.
Pues bien, pocos días después de rodar nuestro primer Dramanagement de ciencia-ficción, y antes de empezar el montaje, se me ocurrió volver a esta película mítica. No me detendré en la relación de los muchos momentos mágicos que esta obra situada en un 2022 muy nostálgico contiene (aunque me encantaría hablaros de uno de los últimos estofados de ternera que se degustan en la Tierra), pero sí en un elemento que me llamó especialmente la atención en relación con las reflexiones sobre el futuro que estábamos teniendo durante la producción de nuestra película: el objeto que provoca el descubrimiento del enigma es… un libro. Un precioso y enorme ejemplar de libro. Es decir, el papel todavía en 2022 como el contenedor de información privilegiado.
Es sólo un detalle que muestra cómo nos cuesta imaginar lo inimaginable (citaría a Stanislaw Lem como uno de los grandes imaginadores “out of the box”) y, en concreto, cómo Internet nos cogió a todos a contrapié, cuan inesperada fue su aparición. Si revisásemos películas o novelas futuristas de los años 70 u 80, lo comprobaríamos.
Y tengo que decir que nosotros, los de las generaciones Boomer y X, nos merecimos su llegada. Recuerdo que hace muchos años, en mi adolescencia, hablaba con un amigo de los inventos que lo habían cambiado todo, los disruptivos, y de que nuestros padres habían sentido la maravillosa experiencia de la irrupción de la TV y nuestros abuelos, la de la radio. Y allí estábamos nosotros esperando turno. ¿Es que no quedaba nada por descubrir? Era evidente que no era así, pero lo nuestro se haría querer. Aún así, la espera mereció la pena.
Para acabar, desvelo quién fue el único, que yo sepa, que predijo Internet. Fue el gran Borges, que en uno de sus habituales desarrollos sobre lo universal y lo infinito, previó un lugar en el mundo donde estaba concentrado todo el universo:
“Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”
Es en su cuento El Aleph, que da título a todo el libro de cuentos, donde explica la existencia de ese lugar, “uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos”:
Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia.
Obviando la ley del post (no escribirás nunca más de 800 palabras) y dando por sentado que difícilmente nadie va a llegar hasta el final de éste, publico todo lo que vio el personaje principal en su pantalla. Digo, en El Aleph. Es largo, pero claro, la ley del post no estaba pensada para descripciones del infinito y del universo como las que propone Borges. Así que, a los que llegaron hasta aquí, sigan hasta donde quieran o puedan (o mejor, lean el cuento de pe a pa, si todavía no lo han hecho, es una maravilla).
Les dejo con lo que vio Borges -protagonista de su propio cuento- en El Aleph:
Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. Sentí infinita veneración, infinita lástima.
En CookieBox acabamos de rodar nuestro primer Dramanagement de ciencia-ficción. Este formato de comunicación que une cine y empresa nos ha llevado esta vez al año 2030, a un mundo en el que una enfermedad pulmonar se ha expandido y los seres humanos viven en dependencia de aire suministrado artificialmente. Estamos en pleno montaje de la película y vemos que tenemos un gran material en nuestras manos. Sin duda, la podréis ver en el próximo festival de Cine Dramanagement de San Sebastián.
Uno de los aspectos más curiosos, estimulantes, divertidos y estresantes de plantear una historia en un mundo futuro -para nuestro director, Chema Linares, se ha convertido en una auténtica obsesión- es que te obliga a hacer proyecciones y anticipaciones; a analizar cómo será dentro de X años cada elemento de los que nos rodean; a prever cómo nos relacionaremos con nuestro entorno; a intuir cómo nos divertiremos…
Por suerte sólo hemos tenido que “viajar” 18 años al futuro, pero claro, esto va tan rápido que no son pocos…
En cualquier caso, muchos de los que hemos participado en el proyecto –yo como guionista- hemos tenido que visualizar el futuro. Un ejercicio que en una empresa basada en la innovación como Cookie Box ha sido un reto apasionante. Pero sería divertido hacer, en 2030, un pase con todo el equipo de este Dramanagement (mmm… ¿Será este formato de comunicación un estándar empresarial en 2030?). Seguro que nos reiríamos un rato comprobando qué proyecciones fueron ciertas y cuáles erradas.
Gracias al Cine y a la Literatura, este interesante ejercicio lo podemos hacer con cierta facilidad. No son pocas las novelas y películas de referencia basadas en mundos futuros, las fechas de los cuales ya hemos superado o estamos a punto de hacerlo. Una referencia -parece que obligada- si hablamos de proyecciones futuristas son las novelas del escritor Jules Verne (que en mi juventud conocíamos como Julio!), del que se ha dejado caer durante muchos años que fue el gran visionario del siglo XX, escribiendo desde el XIX.
Yo tengo mis dudas… ¿No era muy previsible que un día volaríamos, viajaríamos mucho más rápido, nos sumergiríamos hasta las más bajas profundidades marinas, llegaríamos a la Luna? (bueno, hay quien duda de que hayamos hecho esto último…). Estas son para mí anticipaciones obvias y previsibles, casi una mera cuestión de tiempo…. Pero ¿qué hay de esos inventos inesperados, imprevisibles, disruptivos… que cuando llegan lo cambian todo y el mundo que antes conocíamos deja de ser el que era, creando un socavón entre ese antes en el que nos sentíamos tan cómodos y habituados y ese después que nos cuesta entender y al que nos cuesta adaptarnos?
¿Alguien “escuchó” sobre el teléfono antes de oír el primer “ring”? ¿Alguien “previó” la tele antes de verla? ¿Alguien imaginó el mundo hiperconectado antes de nuestro primer click a un link?… Bueno, que yo sepa, sólo una persona, un gran escritor argentino…
Pasen y adivinen… Si no, la respuesta en el siguiente post.
“No es nada personal, es cuestión de negocios”
EL PADRINO – Francis Ford Coppola (1972)
China e India son niños gigantes jugando en un parque global.
Entre las dos suman el 36% de la población en la Tierra. Sus PIBs unidos representan el 13% del PIB global. Y crecen a tasas cercanas al 10%. Sus gobiernos y, sobretodo sus empresarios, están ya conquistando el mundo.
Europa es una enferma desanimada que se contrae en su cama.
La economía de nuestro continente está estancada (crecimiento PIB cercano a 1%). Los mecanismos de financiación han fallado. La confianza en políticos y multinacionales habita en el subsuelo.
Y lo peor, Steve Jobs no era europeo.
No hace falta ser muy agudo para entender como va a acabar la cosa. Chinos, Indios, Brasileños, Oriente Medio… tienen recursos y mano de obra barata. Nosotros no. Tienen dinero. Nosotros no. Tienen confianza. Nosotros poca (la que teníamos nos la quitaron las F.R.A.s: Fucking Rating Agencies).
Nos vienen a rescatar. Vienen a salvarnos con la capa y los calzoncillos por fuera. Mostrando que la tienen más grande (la economía).
Si yo fuera una enfermita contrayéndome en la cama me encantaría que me rescataran. Un joven efebo, bondadoso y bien dotado que transformara mi inocencia en un canto al amanecer del Gran Placer, en una oda a la primavera de los sentidos mediante un terapéutico ritual de iniciación.
Pero no creo que tengan esa idea. De hecho vienen a vengarse del imperialismo occidental del sXX… Oh my god!: nos van a sodomizar!!!.
Y ante esta realidad probable tenemos que reflexionar y actuar.
Europa es un continente yermo de recursos excepto uno: la imaginación. Imaginar es un verbo en desuso en el viejo continente. Nos hemos aprovechado de la imaginación de otros (Steve Jobs no era europeo, Zuckerberg tampoco, ni siquiera Peter Jackson es europeo) creyendo que con eso y nuestra historia teníamos suficiente. Wrong!!!!
Ha llegado el momento de imaginar y repensar lo que ahora hacemos para hacerlo con menos y conseguir más. Es tiempo de Eficiencia.
Ha llegado el momento de imaginar y crear nuevas soluciones a las necesidades insatisfechas en los mercados actuales. Es tiempo de Innovar.
Pero la eficiencia y la innovación sólo de la imaginación no pueden alimentarse. Las ideas sin acción son como globos sin cuerda. Así pues el segundo verbo salvador es Hacer.
Hermanos Europeos, ha llegado el momento. Saquemos los dos verbos, pongámoslos encima de la mesa y digamos: “¡¡Los tenemos más grandes!!”
Ponencia de inauguración de la Innovation Quest ESADE – 2011, by Sergi Corbeto.